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Remontémonos
a los albores del Renacimiento. Cabo Sur, Madagascar, la Isla
Roja denominada asi por el color de su tierra. Alrededor, el océano
Indico, infestado de piratas, árabes, chinos, indios,...
Todos ellos atraidos por los grandes navios comerciales cargados
de especias, oro y telas preciosas. |
| Al
principio del siglo XVI uno de esos buques se hunde cerca de la
costa sud-oeste de la Gran Isla. En el interior del navio se encuentran
unos pequeños perros utilizados para acosar a las ratas.
Algunos de esos rateros ganan tierra firme a nado y llegan al
lado de Tuléar, de la unión de estos perros con
los perros autóctonos de la isla nace una nueva raza, el
Coton de Tuléar. |
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¿Leyenda
o verdad histórica? No se sabrá jamás.
Pero parece
claro que el Coton desciende de perros europeos. Algunos cinólogos
prefieren pensar que fueron los primeros colonos los que introdujeron
sus perros de compañia, bichones muy de moda en la época.
El cruce de estos perros con otros perros autóctonos,
producirían los primeros sujetos de la raza.
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Primeros
Cotones
Etienne
de Flacourt, geógrafo enviado a Madagascar como gobernador
de Fort- Dauphin, es el autor de la primera obra importante
sobre la isla, año 1650. Donde relata "hay cantidad
de pequeños perros con el morro largo y las piernas cortas
como un zorro. Hay algunos que son blancos. Han sido engendrados
por perros venidos de Francia y tienen las orejas cortas."
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Su originalidad
proviene de su pelaje, suave y vaporoso como el algodón,
de donde proviene su nombre y como ha sido bautizado oficialmente
y reconocido por la FCI en 1971. La segunda parte de su nombre
se refiere a su hábitat, el lugar donde esencialmente
se desarrolló, la provincia de Tuléar, donde su
puerto fue un centro de comercio muy importante en el siglo
XVIII.
En un principio
su aspecto no era tan refinado como el coton que conocemos,
su tamaño era el de un zorro y su carácter era
salvaje y decidido, lo que le hacia ser un buen cazador. Más
tarde se convirtió en guardián de rebaños,
donde demostraba vigor, inteligencia y fuerte ladrido.
Cuando Madagascar
dejó de ser colonia francesa, los expatriados llevaron
consigo estos adorables y blancos perros a Francia, donde quedaron
inmediatamente seducidos.

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